EMOCIONAR PARA COMUNICAR

EMOCIONAR PARA COMUNICAR

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Hay numerosas formas de comunicar un mensaje:

  • Decir
  • Escribir
  • Dibujar
  • Cincelar en piedra
  • Soldar
  • Pintarlo
  • Etc…

Sería casi interminable listar las diversas formas de transmitir información. Muchas de las anteriores están relacionadas con el arte. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿qué hace que el arte, o, más bien, los artistas, quieran transmitir mensajes a través de sus obras? Lo queramos o no, para responder eso hay que conocer un poco de historia.

Breve historia de la comunicación humana

Hay que partir de la base de que la comunicación no es exclusiva de humanos. ¿Te has enternecido con la mirada de un cachorro? ¿O con esos típicos videos en Youtube de animales cuando son bebés? Desde la tierna infancia, los cachorros tienen que enternecer nuestros corazones para poder sobrevivir. Y eso lo hacen comunicando a través de la mirada lo indefensos que son. Así obtienen alimento, cuidado y protección. Y esa es la raíz de la comunicación: el lenguaje corporal. Eso incluye a las expresiones faciales. Y estas expresiones están vinculadas con las emociones básicas: la alegría, la tristeza y el enojo. Es fácil darse cuenta cuando alguien tiene alguna de estas emociones solo con ver su cara.

Por otro lado, el desarrollo de los órganos del habla (labios, dientes, lengua, etc.) ayudó a articular sonidos más variados, que representaban cosas físicas, y de esa forma generar traspaso de información más compleja. Los símbolos aparecieron hace aproximadamente 15 mil años, traspasando información a través de estos típicos dibujos en las rocas que son bien conocidos, que se llaman petroglifos. El siguiente paso de la comunicación fueron los pictogramas. La diferencia es que los petroglifos solo muestran un evento, mientras que los pictogramas muestran una serie de eventos. O sea, cuentan una HISTORIA. Luego viene el uso de símbolos para representar ideas, y posteriormente la invención de la escritura.

Emoción en la comunicación

Y aquí es donde el arte hace su aparición, porque se presenta como la mezcla de todas las formas de transmitir información. Usa símbolos, letras, colores. Y la mezcla personal del artista relata una historia. Es más. Los mensajes siempre se transmiten a partir de 3 aspectos:

  • Perceptivo
  • Cognitivo
  • Emocional

Por ejemplo, si se dice

Siente el aroma de este extraordinario nuevo perfume.

Ese es un mensaje perceptivo, que va a hacer que te concentres en tus sentidos. En este caso, en el olfato. Por otro lado, si se dice

Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis.

En este caso, hablamos de un mensaje cognitivo: apelará a tu conocimiento a través de la entrega de información. O si se menciona

Me siento como un día gris en pleno invierno.

Aquí se comunica una emoción. Particularmente la tristeza.

Y cuando asistimos a una presentación en la empresa donde trabajamos, o cuando presentamos nuestros proyectos a los demás, o de qué se trata nuestro emprendimiento, nos enfocamos poco en lo perceptivo, mucho en lo cognitivo, y prácticamente NADA EN LO EMOCIONAL.

Es por simple cultura, ya que nos han enseñado que las cosas no deben tener emoción. Que cuando quieras exponer tus resultados frente al comité que juzga tu proyecto de tesis, o frente al directorio de la empresa, solo remítete a vomitar datos. Literalmente. Gráfico tras gráfico. Número tras número. Montones de montones de cifras. Nos vamos olvidando, consciente e inconscientemente, de la emocionalidad.

Sí, agregar emociones es imposible sin parecer poco profesional. O casi imposible. Cuestionémonos lo siguiente: de todas las presentaciones que hemos visto, ¿cuál recordamos mejor? Con probabilidad de 100% se puede decir que no es la que presentó la mayor cantidad de gráficos, sino la que explicó, desde lo humano, todos esos datos.

El arte

Y ahí viene el arte a recordarnos que somos humanos. Por ejemplo, el cuadro Guernica, de Pablo Picasso, refleja la crueldad de la guerra, retratando la soledad y desesperanza que traen consigo los conflictos bélicos. Para ello Picasso utilizó tonos más oscuros. Dibujó las caras llenas de angustia y tristeza. Con eso quería comunicar pura emoción, para hacernos conscientes del mal que traen las guerras.

O los clásicos del cine. Titanic, por ejemplo, te llena de aventura, esperanza y amor. Luego te da un golpe y te deja «vacío» a través de la tristeza que deja la muere del protagonista. Y después te da otro giro, y al final te deja la sensación de amor. Con una sutileza: amor eterno. Son juegos emocionales que hacen que las cosas (un cuadro o una película) sean recordadas con mayor facilidad.

Presentaciones llenas de emoción

Y sí, las emociones no se quedan en el arte. Al menos no deberían. Por ejemplo recordemos al famoso discurso de Martin Luther King. I have a dream. Tengo un sueño. Retrataba un sueño de la libertad, de no seguir siendo oprimidos. Con este discurso movilizó a miles no por su mensaje, sino por la forma de comunicar su mensaje. Los gritos y los vítores que se forman no son casualidad. Utilizar palabras que conecten con la emocionalidad de la gente ayuda a potenciar lo que quieres transmitir.

Pero no solo con palabras. Por ejemplo Steve Jobs, en la presentación del MCBook Air en el 2008, utiliza un recurso visual poderoso: saca el aparato de un sobre de oficina. Toda la gente quedó asombrada y preguntándose cómo podía ser tan portable que cabe dentro de un sobre. En este caso, la emoción fue la sorpresa. Jobs sorprendió a todos utilizando esta forma de presentar el dispositivo. Otro caso: Donald Trump. El lema de “make america great again” no es casual. Genera tal emoción de grandeza, de que los estadounidenses son grandiosos y que merecen más y merecen todo, que movilizó a mucha gente que votó por él, eligiéndolo como presidente de Estados Unidos. Claro, la frase por sí misma no basta, pero condensa fielmente cada una de las palabras que ha mencionado en sus discursos desde que es candidato, y hasta ahora como presidente.

Entonces, con todos estos casos, cabe preguntarse cómo podemos seguir ignorando la emoción en nuestras presentaciones. A título personal: yo siempre pienso que si quisiera escuchar a alguien repetir datos de un gráfico o frases de una diapositiva, colocaría a hablar a Siri o a Alexa. Así de simple. Si haces eso en tus presentaciones, nada te va a diferenciar del robot que da las instrucciones en Google Maps. Así que la próxima vez que presentes algo, ya sea ante un público o en una conversación, trata de expresar al mismo tiempo los datos y la emoción que te produce el proyecto.

Guy Kawasaki, responsable de Macintosh en los años ’80 y autor del libro «El arte de empezar”, dice que «el 90% de las presentaciones son una mierda». Y puede sonar fuerte, pero lo dice en el sentido de que el éxito de una presentación está en su capacidad de impactar. Cada una de las presentaciones que podamos hacer es una oportunidad de vender, de ganar credibilidad o de aumentar la marca personal. Por lo tanto aquí hay que pensar en impactar y en cautivar. En resumidas cuentas, en emocionar. Básicamente, usar las emociones como un recurso para llegar y conectar con la audiencia.

Por ejemplo muchos inversionistas hacen negocios con gente que les de buena espina, de las que se fíen, y que comuniquen motivación con su emprendimiento, más que por los réditos económicos que le pueda generar. Steve Jobs decía que, para poner pasión a las cosas, hay que focalizarse en ellas. Si no trabajamos en lo que tenemos, poco vamos a crecer.

En este sentido, la pasión expresada por las emociones que podamos comunicar nos abrirá no solo las puertas de los demás, no solo las billeteras de los inversionistas o la aprobación de tu proyecto en tu empresa, sino que también los corazones de esas personas. Y puedes creerlo: a la hora de presentar, no hay nada más importante que las personas.

Recuerda, comunica emoción para conectar, impactar y motivar. Es decir, para ser recordado. Coméntanos si alguna vez te has emocionado al punto de tomar acción con alguna presentación o conversación.